Test
Download document

CARDENAS, Eugenio



Rosas de abril

La tarde que en tus ojos vi el mundo de mi cielo ideal,
todas mis ansias puse en ti y desde entonces supe amar,
y mientras que en un velo azul brillaba majestuoso el sol
yo te supe entregar mi suspiro de amor.
Tu vida encantadora ver, de cuándo te acercaste a mí,
porque me parecía ver un cielo de ternura en ti,
y de saber mis ansias van buscando tu pasión
porque ya aumenta mi viva emoción.

Junto a la madreselva en flor, tu boca sóla mía fue,
y en ella mi cariño halló la gloria que soñé.
]Te acuerdas mi preciosa abril que tu alma enamorada fue
en todo mi feliz querer una rosa de abril.

Tú sos mi bien, bergel de amor,
mujer por quien mi ser vivió.
Si tu corazón me das he de sentir
la dulce paz de mi vivir.



April Roses

That afternoon I saw in your eyes
The world of my perfect paradise
All of my desires were for you
And since that moment, I knew love.
And while, in a blue veil
The sun shone majestically,
I wanted to offer you
My sighs of love.
I loved your enchanting life
Of when you came closer to me
Because there appeared to me to see
A heaven of tenderness in you.
And from that moment, my desires go
Seeking your passion
For it arouses my unquenched emotion.

With the blossoming honeysuckle
Your lips were only mine
And in them I found my love,
The bliss of which I dreamed.
Do you remember, my enchanting huri*
That your soul was in love,
In all my happy love
An April rose.
You are, my lovely
Garden of love
The woman for whom
My being lived.
And if you give me your heart
I will surely feel
The sweetest peace
Of my life.




Una lágrima

Cuando rodó cual gota cristalina

sobre su faz la lagrima de amor...

me pareció su cara tan divina,

un lirio azul besado por el sol;

y recordé que aquella muchachita

guardaba en su alma, ya muerta la ilusión,

porque el galán después de tantas citas

le hizo morir de angustia el corazón.

Cuando ve la carta amarillenta

llena de pasajes de su vida

siente que la pena se le aumenta

al ver tan destruida

la esperanza que abrigó.

El hombre aquel a quien adoró tanto

y le entregó su vida virginal,

la hizo empapar su juventud de llanto,

la hizo vivir cien noches de ansiedad.

Y al recordar la dicha que soñara,

mira esa carta que un día él le mando...

pidiéndole que ella lo perdonara

si nunca más volvía... y no volvió.

Esta triste historia de su vida,

que ella, cabizbaja, me contaba,

mientras que una lágrima rodaba

por su hermosa cara

llena de amargo dolor.