PELLICER, Carlos
Hoy que has vuelto, los demos callado / Now that you're back, let's keep quiet
Hoy que has vuelto, los dos hemos callado,
y sólo nuestros viejos pensamientos
alumbraron la dulce oscuridad
de estar juntos y no decirse nada.
Sólo las manos se estrecharon tanto
como rompiendo el hierro de la ausencia.
¡Si una nube eclipsara nuestras vidas!
Deja en mi corazón las voces nuevas,
el asalto clarísimo, presente,
de tu persona sobre los paisajes
que hay en mí para el aire de tu vida.
Sembrador /Farmer
The farmer sowed the dawn;
his arm encompassed the sea.
In his eyes, the mountains
could reach.
The furrowed and rowed soil
heard the grains as they fell.
From that simple and profound rhythm
the trees began to rock harmoniously.
Silent farmer:
the sun has risen from your magical hands.
The field has chosen another shade
and the sky has flown higher.
He sowed the land.
His stride was beautiful: not short nor long.
The hills could be filled in his eyes
and the landscape could fill in his arms.
Invitación al paisaje
/
Invitation to a Landscape
To pose in my hand – I invite the landscape,
invite it to call itself into question,
and then give to it a dream of abyss for ingestion,
in the spiral hand of heavens with a human shape.
That by loosening the moorings in the river
the mountain to its marbles will speak
so that a frozen sigh leading to its peak
might hold the worth of fruit in a double summer.
To the cloud, I might proselytize
the risks posed by height and morning light,
then argue that the low tide is not on the rise,
but rather every hour, set alight.
To make a shadow tame
within a rosebush, at its very gut
(To add to love what is subtracted on its name
and feed the remains to a dovecote of naught).
What if the sea might abandon its pearls
and then step out its shell… !
What would happen to these frothy swirls
if instead of splashing all over, they lay forgotten?
Who knows if the stone
that at every turn is a wonder,
to join the exact exedra would be prone,
fountain-garden-love-tumbler.
What if the benign lane
that comes, goes and is, becomes impassable
on account of a blunder without aim:
a magnetic waterfall that rendered it pliable.
Will the trees be able to put in motion
all their elementary schools of chirping?
(I feel my desires go mixing and mingling
Like townspeople at a wedding celebration).
Over there, the river is a boy, but it is a man here,
One that gathers dark leaves in a creek.
Everybody calls him by his name, without sneer
and strokes him like a dog, one that is meek.
Which season should my guests
want to get off at? In autumn or in springtime?
Or will they wait till the foliage speaks of harvests
like an angel announcing apples at its prime?
And when the guests
finally arrive – within myself –, the gentleness
to which every corner of my being attests
shall leave them alone and, as a sign of happiness,
will show a set of ten fingers that rests
untouched
but
by
poetry,
alone.
Recinto
VIII
You are more than my sight for you see
what I bear of your life in my eyes.
And so I walk blind to myself
illumined by my eyes that burn
with the fire of you.
You are more than my hearing for you hear
what I bear of your voice in my ears.
And so I walk deaf to myself
full of your tender inflections.
Your voice alone!
You are more than my scent for you smell
what my nostrils bear of your odor.
And so I go in ignorance of my own aroma,
exuding your perfumed precincts,
a sudden garden of you!
You are more than my tongue for you taste
what I bear on my tongue of you alone,
and so I go insensible to my flavors
tasting the delight of yours,
the taste only of you.
You are more than my touch for on me
you caress your caress and spill over.
And so I touch on my body the pleasure
of your hands set afire by mine.
And I am only the living mirror
of your senses. The faithfulness
of the lake in the volcano’s throat.
el canto del usumacinta
Al doctor atl
de aquel hondo tumulto de rocas primitivas,
abriéndose paso entre sombras incendiadas,
arrancándose harapos de los gritos de nadie,
huyendo de los altos desórdenes de abajo,
con el cuchillo de la luz entre los dientes,
y así sonriente y límpida,
brotó el agua.
Y era la desnudez corriendo sola
surgida de su clara multitud,
que aflojó las amarras de sus piernas brillantes
y en el primer remanso puso la cara azul.
El agua, con el agua a la cintura,
dejaba a sus adioses nuevas piedras de olvido,
y era como el rumor de una escultura
que tapó con las manos sus aéreos oídos.
Agua de las primeras aguas, tan remota,
que al recordarla tiemblan los helechos
cuando la mano de la orilla frota
la soledad de los antiguos trechos.
Y el agua crece y habla y participa.
Sácala del torrente animador,
tiempo que la tormenta fertiliza;
el agua pide espacio agricultor.
Pudrió el tiempo los años que en las selvas pululan.
Yo era un gran árbol tropical.
En mi cabeza tuve pájaros,
sobre mis piernas un jaguar.
Junto a mí tramaba la noche
el complot de la soledad.
Por mi estatura derrumbaba el cielo
la casa grande de la tempestad.
En mí se han amado las fuerzas de origen:
el fuego y el aire, la tierra y el mar.
Y éste es el canto del usumacinta
que viene de muy allá
y al que acompañan, desde hace siglos, dando la vida,
el lakantún y el lakanjá.
Ay, las hermosas palabras,
que sí se van,
que no se irán!
¿en dónde está mi corazón
atravesado por una flecha?
la garza blanca vuela, vuela como una fecha
sobre un campo de concentración.
Porque el árbol de la vida,
sangra.
Y la noche herida,
sangra.
Y el camino de la partida,
sangra.
Y el águila de la caída,
sangra.
Y la ventaja del amanecer, cedida,
sangra.
¿De quién es este cuello ahorcado?
oíd la gritería a media noche.
Todo lo que en mí ya solamente palpo
es la sombra que me esconde.
Empieza a llover
en el tablado de la tempestad
y la anchura del agua abandonada
disminuye la nave de su seguridad.
Es la gran noche errónea. Nada y nadie la ocupan.
Tropiezan los relámpagos los escombros del cielo.
La gran boa del viento se estranguló en la ceiba
que defiende energúmena, su cantidad de tiempo.
Se canta el canto del usumacinta,
que viene de tan allá,
y al que acompañan, dando la vida
el lakantún y el lakanjá.
En una jornada de millones de años
partió el gran río la serranía en dos.
Y en remolinos de sombrío júbilo
creó el festival de su frutal furor.
Los manteles de su mesa son más anchos que el horizonte.
Pedid, y no acabaréis.
En el cielo de toda su noche,
una alegría planetaria nos hace languidecer.
Ésta es la parte del mundo
en que el piso se sigue construyendo.
Los que allí nacimos tenemos una idea propia
de lo que es el alma y de lo que es el cuerpo.
Se me vuelven tiendas de campo los pulmones,
cuando pienso en este río tropical,
y así en mi sangre se pudre la vida
de tanto ser energía
en soledad antigua o en presente caudal.
Cuando me llega el ruido de hachazos
de la palabra izankanak,
me abunda el alma hasta salirme a los ojos
y oigo el plumaje golpe de un águila herida por elhuracán.
Un mundo vegetal que trabaja cien horas diarias,
me ha visto pasar en pos de la noche y del alba.
Reconoció en mis ojos el poderoso espejo;
reconoció en mi boca fidelidad madura.
Vio en mis manos la caña que aflautó el aire húmedo
y le mostré mi pecho en que se oye la lluvia.
Mirando el río de aquellos días que el sol engríe,
al verde fuego de las orillas robé volumen
y entre las luces de lo que ríe, lo que sonríe,
es un jacinto que boga al sueño de otro perfume.
El pájaro turquesa
se engarzó en la penumbra de un retoño
y entre verdes azules canta y brilla
mientras la hembra gris calla de gozo.
Mirando el río de aquellas tardes
junté las manos para beberlo.
Por mi garganta pasaba un ave,
pasaba el cielo.
Mirando el río
di poca sombra:
todo era mío.
Todas pintadas, jamás extintas,
son estas aguas, río de monos, usumacinta.
En tu grandeza
con esplendores reconfortaste savia y tristeza.
Te descubrí,
y en ese instante
tras un diamante
solté un rubí:
de asombro existo,
preclara cosa
sangre dichosa
de haberte visto.
Robé a tu geografía
su riqueza continua de solemne alegría.
El que tumbe así el árbol de que estoy hecho
va a encontrar tus rumores entre mi pecho.
Y es un cantar a cántaros,
y es la nube de pájaros
y es tu lodo botánico.
En las sombras históricas de tu destino
cien ciudades murieron en tu camino.
Atadas de pies y manos
están esas ciudades.
Entre una jauría de árboles desmanes
se moduló la sílaba final de esas edades.
Los hombres de un tiempo del río
la frente se hacían en talud;
y el resplandor terrestre de sus avíos
les dio una honda gracia de juventud.
Sonreían con las manos
como alguien que ha podido tocar la luz.
¡Ay, las hermosas palabras,
que sí se irán,
que no se irán!
lo que acontece ya en mi memoria cunde en mis labios,
con uaxaktún,
con yaxchilán.
Después fueron los paisajes sumergidos
y el sagrado maíz se pudrió.
Y en las ciudades desalojadas,
el reinado de las orquídeas se inició.
Así, cuando llueve socavando sobre el usumacinta,
aun en la corteza de los viejos árboles
se encoge el terror.
El hombre abandonado que ahora lo puebla
fulgurará otra vez poderoso entre la muerte y el amor.
Eres el agua grande de mi tierra.
La tremenda dinámica del ocio tropical.
El hombre en ti es ahora la piedra que habla
entre el reino animal y el reino vegetal.
Por el hueco de un árbol podrido
pasa el verde silencio del quetzal.
Es una rama póstuma.
Es la inocencia deslumbrante que nada tiene que declarar.
La sapientísima serpiente,
lo llevó un día sobre su frente cenital.
¿En dónde está mi corazón
partido en dos por una flecha?
la garza blanca vuela, vuela como una fecha
sobre un campo de concentración.
¡Ay, las hermosas palabras,
que sí se van...,
Que no se irán
deste canto del usumacinta,
que brotó de tan acá,
y al que acompañan, dando la vida, desde hace siglos,
el lakantún y el lakanjá.
Porque de el fondo del río
he sacado mi mano y la he puesto a cantar.